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sábado, 20 de abril de 2013

Kafka

http://archiv.radio.cz/kafka/

Por Freddy Valverde
Especial para Radio Praga

Al lado de James Joyce, Robert Musil y otros más, Franz Kafka es sin duda uno de los escritores más destacados del siglo que termina. Al conmemorar este año el 80 aniversario de su muerte surgen, como es natural en casos semejantes, declaraciones de una serie de especialistas que tratan de responder incógnitas en torno a la vida del autor de La Metamorfosis, El Proceso, El Castillo, América y muchos otros. 

http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2004/06/05/u-770959.htm
Tengo tal necesidad de buscar a alguien, alguien que al menos me roce con una caricia amable, que ayer estuve en un hotel con una prostituta. Estaba demasiado vieja para ponerse melancólica; se lamentaba, aunque sin admirarse, de que no se es tan cariñoso con las prostitutas como con una querida. No la consolé porque ella tampoco me consoló a mí." Esto escribía Franz Kafka a su amigo, y también novelista, Max Brod, a los veinticinco años. Es uno de los tantísimos testimonios de la infernal soledad que lo persiguió durante toda la vida.

jueves, 28 de febrero de 2013

Con mucho cuento...


Enlace en el que se pueden encontrar cuentos de todas clases.

http://cuentos.eu/


El elíxir de larga vida

En un suntuoso palacio de Ferrara agasajaba don Juan Belvídero una noche de invierno a un príncipe de la casa de Este. En aquella época, una fiesta era un maravilloso espectáculo de riquezas reales de que sólo un gran señor podía disponer. Sentadas en torno a una mesa iluminada con velas perfumadas conversaban suavemente siete alegres mujeres, en medio de obras de arte, cuyos blancos mármoles destacaban en las paredes de estuco rojo y contrastaban con las ricas alfombras de Turquía. Vestidas de satén, resplandecientes de oro y cargadas de piedras preciosas que brillaban menos que sus ojos, todas contaban pasiones enérgicas, pero tan diferentes unas de otras como lo eran sus bellezas. No diferían ni en las palabras ni en las ideas; el aire, una mirada; algún gesto, el tono, servían a sus palabras como comentarios libertinos, lascivos, melancólicos o burlones....

lunes, 28 de enero de 2013

Juan Gómez Bárcena

http://test.elnocturnodiurno.com/blog/muertes-elegidas/


Más de cien mil millones de hombres han muerto, dicen los expertos, desde que el hombre se hizo hombre en una remota esquina de África. De entre todas estas muertes, heroicas o ridículas, escojo que la mía se parezca lo más posible a la del trompetista y compositor norteamericano Glenn Miller. Sé bien de lo que hablo: conozco los pormenores de la muerte de todos y cada uno de nuestros antepasados ilustres, desde Atila el huno hasta Winston Churchill.

http://www.lapalabraolvidada.es/tag/juan-gomez-barcena
Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria, el 9 de diciembre de 2012.
“Los que duermen” de Juan Gómez Bárcena
Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) es uno de los autores más importantes y galardonados de entre los escritores jóvenes de España. Le distingue de los demás no sólo su cultura (tiene varias licenciaturas y estudios superiores de especialización) sino una clara vocación literaria que ha desarrollado, en su mayor parte, fuera de Cantabria. Su literatura es sólida, bien construida, cimentada en un conocimiento amplio de determinados autores y obras, a los que se debe libremente. El pasado martes día 4 presentó su último libro, “
Los que duermen y otros relatos” en la santanderina librería Gil. No sé si este establecimiento, acostumbrado a presentaciones de libros, ha tenido alguna vez tanto público, pero lo cierto es que estaba a rebosar, a pesar de la tarde desangelada. Presidió el acto el editor del libro, Pablo Mazo, responsable de Salto de Página, uno de los sellos más interesantes de los últimos años, que está componiendo un magnífico catálogo de autores jóvenes.
En “Los que duermen y otros relatos” Juan Gómez Bárcena selecciona quince relatos. El primero de ellos, “Cuaderno de bitácora”, tiene continuidad en el cuarto, “Cuaderno de bitácora II”. Se trata de una crónica del conocimiento que tienen los españoles de las tribus de las antípodas y el sorprendente modo de vida de los biroches, para quienes el léxico, cada palabra, tiene un precio. La idea de que el límite del lenguaje es el límite del mundo se repite en otras páginas del libro. El segundo relato, “Fábula del tiempo”, podría haber dado título al libro en su conjunto, ya que todo el libro creo que es, en realidad, una “fábula del tiempo”. Narra la historia de la reina Bandica, que llega a un lugar donde no se han recibido aún las noticias de su reino, de manera que aún no se han recibido la noticia de sus desgracias, como ocurre con el brillo de las estrellas hasta llegar a la Tierra. El tercer relato es uno de los más extensos y complejos. Se titula “La leyenda del rey Aktasar” y representa el devenir de un pueblo bárbaro, regido su destino por los dioses Itata y Axime, y un rey que acaba influido por el relativismo y la idea de que sólo hay una certeza: que no hay certezas. En “El regreso”, el quinto relato, la perspectiva del narrador ya no es la tercera persona omnisciente, sino una primera persona entre trágica y reconfortada: la adúltera que va a ser sacrificada con otros pecadores, entregada a la diosa de una época indefinida; el relato guarda relación con otro, el séptimo, “La virgen de los cabellos cortados”.




sábado, 26 de enero de 2013

Página literaria . Yo vivo en ella

http://yovivoenella.blogspot.com.es/2011/08/sandra-cisneros-once.html


Sandra Cisneros

¿Vives allí? Allí. Tuve que mirar a donde ella señalaba. El tercer piso, la pintura descarapelada, los barrotes que Papá clavó en las ventanas para que no nos cayéramos. ¿Vives alli? El modito en que lo dijo me hizo sentirme una nada. Allí. Yo vivo allí. Moví la cabeza asintiendo. Desde ese momento supe que debía tener una casa. Una que pudiera señalar. Pero no esta casa. La casa de Mango Street no. Por mientras, dice Mamá. Es temporario, dice Papá. Pero yo sé cómo son esas cosas.
Mango Street.

sábado, 5 de mayo de 2012

Álvaro García

http://www.alvarogarcia.org/

El poeta malagueño Álvaro García gana el Loewe de poesía



viernes, 15 de julio de 2011

Poema de la memoria. John McCrae


En los campos de Flandes
se mecen las amapolas
entre hileras de cruces
que señalan nuestra tumba.

Las alondras cantan desafiantes pese a todo;
vuelan oyendo apenas el fragor de los cañones.

Somos los muertos.

Hace pocos días vivíamos,
sentíamos el amanecer,
veíamos el brillo del crepúsculo,
amábamos y éramos amados...

Ahora yacemos en los campos de Flandes.

Resume nuestra lucha con el enemigo.
De nuestras manos inertes
te lanzamos la antorcha;
es tu tarea mantenerla bien alta.

Si faltas a la palabra
que nos diste a los muertos,
nunca descansaremos,
aunque florezcan las amapolas
en los campos de Flandes. 

JOHN McCRAE (primavera de 1915)

John McCrae (1872 -1918), autor y médico canadiense, fue enviado al frente como cirujano de campo durante la primera guerra mundial. Escribió este poema tras la batalla de Yprés, donde resultó muerto un amigo suyo. Con el tiempo, En los campos de Flandes llegaría a ser la obra más popular de la 1ª G. M. en países de habla inglesa, y convertiría a la amapola, una flor que se multiplica entre la tierra removida de los cementerios, en un símbolo de la paz.

Vladimír Holan, el ángel negro de Praga

Clara Janés traduce y prologa la obra del poeta checo, «el mejor» según el Nobel Seifert

Sintió un golpe tan fuerte como Vallejo. Pero no era París, ni había aguaceros. Era una noche gélida en Praga, 1948. Y Holan, poeta, ex comunista, nacido bajo la constelación de Virgo, el 16 de septiembre cuarenta y tres años antes, condenado al ostracismo por sus ex camaradas (por su «formalismo decadente», le señalaron) tomó la decisión de su vida: jamás volvería a salir de su casa en la isla de Kampa, sobre el río Moldava a su paso por la capital bohemia. Dicho y hecho, y así durante más de cuatro décadas, hasta su muerte en 1980, viviendo tras el ocaso, descansando por el día, Holan se sumergió en la oscuridad. Pero noche tras noche, la pluma se deslizaba sobre el papel y daba vida a una obra poética capital del siglo XX.
El silencio de aquella casa apenas era interrumpido cuando el futuro Nobel Jaroslaf Seifert, íntimo amigo, le visitaba. O cuando una joven poeta española (que lo había descubierto al leer su libro «Una noche con Hamlet») rompió todos los hielos de Holan y se ganó su corazón. La escritora era Clara Janés.
Leer más :

martes, 12 de julio de 2011

J.A. Goytisolo


s.XX - Poesía social - José Agustín Goytisolo: Los celestiales, 1956

No todo el que dice: Señor, Señor,
entrará en el reino…
(Mat.,7,21)
Después y por encima de la pared caída
de los vidrios caídos de la puerta arrasada
cuando se alejó el eco de las detonaciones
y el humo y sus olores abandonaron la ciudad
después cuando el orgullo se refugió en las cuevas
mordiéndose los puños para no decir nada
arriba en las paseos en las calles con ruina
que el sol acariciaba con sus manos de amigo
asomaron los poetas gente de orden por supuesto.
Es la hora dijeron de cantar los asuntos
maravillosamente insustanciales es decir
el momento de olvidarnos de todo lo ocurrido
y componer hermosos versos vacíos sí pero sonoros
melodiosos como el laúd
que adormezcan que transfiguren
que apacigüen los ánimos ¡qué barbaridad¡
Ante tan sabia solución
se reunieron los poetas y en la asamblea
de un café a votación sin más preámbulo
fue Garcilaso desenterrado llevado en andas paseado
como reliquia por las aldeas y revistas
y entronizado en la capital. El verso melodioso
la palabra feliz todos los restos
fueron comida suculenta festín de la comunidad.
Y el viento fue condecorado y se habló
de marineros de lluvia de azahares
y una vez más la soledad y el campo como antaño
y el cauce tembloroso de los ríos
y todas las grandes maravillas
fueron en suma convocadas.
Esto duró algún tiempo hasta que poco
a poco las reservas se fueron agotando.
Los poetas rendidos de cansancio se dedicaron
a lanzarse sonetos mutuamente
de mesa a mesa en el café. Y un día
entre el fragor de los poemas alguien dijo: Escuchad
fuera las cosas no han cambiado nosotros
hemos hecho una meritoria labor pero no basta.
Los trinos y el aroma de nuestras elegías
no han calmado las iras el azote de Dios.
De las mesas creció un murmullo
rumoroso como el océano y los poetas exclamaron:
Es cierto es cierto olvidamos a Dios somos
ciegos mortales perros heridos por su fuerza
por su justicia cantémosle ya.
Y así el buen Dios sustituyó
al viejo padre Garcilaso y fue llamado
dulce tirano amigo mesías
lejanísimo sátrapa fiel amante guerrillero
gran parido asidero de mi sangre y los Oh Tú
y los Señor Señor se elevaron altísimos empujados
por los golpes de pecho en el papel
por el dolor de tantos corazones valientes.
Y así perduran en la actualidad.
Ésta es la historia caballeros
de los poetas celestiales historia clara
y verdadera y cuyo ejemplo no han seguido
los poetas locos que perdidos
en el tumulto callejero cantan al hombre
satirizan o aman el reino de los hombres
tan pasajero tan falaz y en su locura
lanzan gritos pidiendo paz pidiendo patria
pidiendo aire verdadero.

De Salmos al viento, 1956


Poética de Leopardi


L´INFELICITÀ (la tarea poética de Leopardi)

leopardi.jpg
En el post anterior acabé con una de esas frases que han quedado para la posteridad: Los hombres mueren y no son felices nos dice Camus en boca de Calígula. En esta sentencia, porque así la considero, convergen al mismo tiempo la desolación, el descontento y la certeza del fin del ser humano como individuo.
En una nota fechada en 1847, Kierkegaard escribía que deseaba para su epitafio esta breve inscripción:

Fue el IndividuoHablemos de la cultura o época que queramos existe un leitmotiv que siempre está patente y nos impulsa como individuos y es la búsqueda de la felicidad.Para Leopardi la imposibilidad e incapacidad de felicidad es un atributo del hombre moderno. A diferencia del hombre antiguo, heredero de la Edad de Oro, el hombre moderno ha perdido la capacidad para vivir felizmente vinculado a la naturaleza. Uno y otro no se diferencian en la felicidad del primero y la infelicidad del segundo sino que más bien se refiere al modo, heroico en el hombre antiguo y ruin en el moderno, de enfrentarse a la infelicidad natural del hombre.El pensamiento trágico renacentista con Dante y Tasso a la cabeza, introduce a Leopardi en la duda de que también el hombre de la Edad de Oro se siente falto de felicidad. En palabras de Petrarca “ciechi et miseri mortali”. De esta manera, cuando Leopardi profundiza en el pensamiento helénico es cuando se convence del carácter innato de la infelicidad humana.Lo que siente este poeta por Teofrasto, por ejemplo, no es admiración sino más bien identificación. Teofrasto representa la equilibrada sabiduría que hace frente al dolor con serenidad. Además cuando a través de la obra de Barthélemy tiene conocimiento directo de los textos de PíndaroSófocles y Esquilo, Leopardi toma certeza de la naturaleza maldita que estos autores atribuían a la condición humana.La sentencia sofocleana de ”è funesto a chi nasce il dí natale” (es funesto a quien nace el nacimiento) y otros textos de filosofía moral antigua contribuyen a que Leopardi antes de asumir ningún criterio de resinación o estatismo vital, busque una fórmula por la que el pesimismo haga frente a la desesperación no por medio de la renuncia a la existencia, sino por una voluntad de acción.Desde que Leopardi asume esta conciencia del hombre como ser creado para la infelicidad, con su obra trata de sintetizar el dolor sereno con la voluntad titánica.A consecuencia de la peculiar percepción heroica de lo trágico, l´infelicitàleopardiana se convierte en un don. El mismo don que hizo grandes o, con sus propias palabras, “alme eccelse” (almas excelsas) y que caracterizaron la cólera de Aquiles, el orgullo del Prometeo de Esquilo, el ánimo suicidad de Ayax, la integridad de Edipo, la duda de Hamlet o el vigor de Lear.Ésta es la tarea del héroe/poeta: vivir con la serena certeza de nuestra naturaleza proclamando felicidad a los cuatro vientos sabiendo que el eco nos devolverá irremediablemente el silencio donde la tristeza habita y reina.

El espantapájaros

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XIX octava de Miguel Hernandez

Centenario Miguel Hernandez

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